Cerruti 1881
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Para los hombres, hay marcas icónicas por encima de todo. Cerruti es una de ellas. No sólo porque fabrica trajes italianos de excelente corte... No. Cerruti es famosa por vestir a Al Pacino en Scarface.
Dignidad, elegancia y fantasía, con un toque de peligro, ingenuidad y descaro. Fuerza bruta, casi incontrolable, embotellada con refinamiento francés. Así es el perfumista Cerruti, que desvela fragancias asociadas a nombres como Thomas Dutronc y Marc Lavoine.
Cerruti es una marca sobria, que sabe perfectamente que la calidad y la belleza no tienen nada que ver con la exuberancia barroca de sus cortes, ni con perfumes demasiado vulgares y ostentosos. Tanto en su ropa como en su gama de fragancias, la casa apuesta por la sencillez y la vuelta a lo esencial: cortes bonitos, notas bonitas.
Al final, es una filosofía propia de los diseñadores, a quienes les gusta pensar en las líneas de un producto como un todo, con un acabado perfecto cuando se mira más de cerca. En este caso, la fragancia Cerruti es pura, las notas emergen con claridad en un ballet que no tiene nada de pretencioso. Es pura, con una personalidad fuerte y auténtica.
Estas fragancias soleadas y llenas de vida están arraigadas en una atemporalidad que casi hace una declaración. El perfume no necesita nada más. Tampoco la clase.